Sara era mi mejor amiga desde hace un año. Era rubia, más o menos como yo, pero ella tenia un flequillo que hacia resaltar sus ojos verdes. Hacía 1 año y medio que le habían puesto aparatos. Para mí eso no era ningún problema pero para ella sí. Ella se trata muy mal y no reconoce ser una chica encantadora y quizá por eso siempre le recuerdo lo mucho que vale y ella a mi, porque en el fondo somos demasiado parecidas en la forma como nos tratamos a nosotras mismas.
Cuando la vida te da palos, a veces simplemente haces una cabaña y te refugias en ella, eso habíamos hecho Sara y yo, hasta que nos conocimos, claro. Luego unimos las cabañas.
-Tienes que girar a la derecha - Le dije a Daniel.
-Antes tendríamos que parar a poner gasolina. Al menos si queremos llegar a algún sitio -Dijo mientras señalaba el parpadeo de la luz de reserva.
Cuando Daniel volvió de echar gasolina, no conseguía abrir la puerta de la furgoneta. Intenté abrirla yo desde dentro, y le di de pleno en toda la cara. Salí de la furgoneta para intentar ayudarle, ya que se había caído al suelo. Cuando estiré la mano para que se cogiera y poder ayudarle a levantarse, me agarró del brazo y me tiró a su lado.
-Encima que vengo a ayudarte.
-Perdona que no te agradezca que fueras tú la culpable de mi caída princesa.-Me dijo de broma.
-Pues ahora me enfado y no respiro.-Me senté allí mismo, en medio del suelo de una gasolinera y aguanté la respiración. Daniel me miraba entre curioso y sorprendido, mientras aguantaba la risa. Seguramente se preguntaría que cuánto tiempo podía aguantar así. Creo que me vio un poco roja porque se acercó y me empezó a hacer cosquillas. Eché todo el aire de golpe y me reí como una posesa. Me revolqué, patalee, di vueltas por el suelo, pero sus manos no paraban de hacerme cosquillas.
-Dios, para por favor, me muero.-Le dije cuando noté que me faltaba el aire. Sus manos se quedaron quietas a la altura de mi cintura y por fin, pude respirar hondo e incorporarme.
-Créeme que te mueras no es uno de mis mejores deseos.-Se levantó y me tendió la mano mientras sonreía. De un tirón me levantó y volvió a sonreírme.
-Será mejor que nos demos prisa en llegar a casa de Sara, si no, se nos hará tarde.
-Vale, vamos.
Mientras nos metíamos en silencio en la furgoneta, me dio un pequeño empujón y me sonrió. Si creía que se iba a librar, lo llevaba claro. Le propiné otro a él y salió disparado hacia delante.
-Exagerado.-dije riéndome.
-¿Exagerado yo? Bruta.-Hizo una mueca.
