Torleros.

- Capitulo 6 -

 -Daniel-

El pitido de un coche me despertó.

-¿Doce y media? Mierda.- Me puse unos pantalones, una camiseta y bajé corriendo al salón saltando los escalones de tres en tres.

Vi a mi madre en la cocina preparando la comida. Me acerqué a ella  y le di un beso en la frente.

-Buenos días.

-Buenos días Daniel . No vuelvas a levantarte tan tarde, porfavor. Tu padre me ha dicho que si no tienes nada que hacer, te pongas a limpiar la furgoneta.

-Vale .-Dije metiéndome una rebanada de pan en la boca.

Salí al porche. El cielo estaba despejado, no habia ni una sola nube. Después de acabarme la tostada fui a buscar mi portátil para escribir unas cuantas canciones. Sí, habéis oído bien. Era una de mis pocas pasiones, junto al basquet. La cosa me vino a los 15 años, cuando empecé a escribir y componer. Al principio la gente de mi alrededor no entendía porqué escribía, pero a mi apasionaba y decidí seguir haciéndolo.
Desde siempre la música me ha ayudado a calmarme y relajarme, me daba la paz que me hacia falta,  y escribir la letra de mis propias canciones siempre ha sido una forma de expresarme.
Encendí el portátil, abrí un bloc de notas, y escribí unas cuantas lineas. Tecleaba sin parar, dejando libre mi imaginación. En estos momentos desconectaba.

No me di cuenta, y el tiempo pasó muy rápido. Llevaba horas escribiendo. Me acordé de que tenia que limpiar la furgoneta, pero preferí hacerlo más tarde. Entré en casa a por algo de comer. Abrí la nevera y me hice un bocadillo. Cogí una pequeña botella de agua y me fui a la parte trasera de la furgoneta de mi padre. Dejé la botella en un extremo de la furgoneta y seguí escribiendo.

-Qué bonito. -Una voz cerca de mi oreja me sobresaltó. Cerré la pantalla del portátil y miré a quién me había interrumpido.

Sus ojos marrones me miraron curiosos.

-eh.. Hola. Menudo susto. No te había oído.

-Soy algo silenciosa, ¿no? -Se apoyó en la parte de atrás de la furgoneta y se subió haciendo mucho ruido.

-Sí... mucho.-Dije con ironía.

-Lo he visto, ¿por qué lo escondes?

-No es nada.

-Pues para lo que me ha dado tiempo leer, estaba bastante bien. No sabía que te gustara escribir.

Sabía que no iba a parar hasta que se lo enseñara así que, suspiré mientras abría la pantalla del portátil y se lo pasé. Iba dando clics como una loca, mientras baja y subía la hoja de texto. Observé su cara y parecía gustarle.

-¿Algo que decir?

-Me encanta Daniel. ¿Has pensado en hacer un grupo, presentarte a algún concurso de estos, o algo?-Me dijo seriamente.

-En Barcelona tenia un grupo pero... Tampoco es para tanto. Bueno, tendria que empezar a lavar la furgoneta.

-¿Quieres que te ayude? No tengo nada que hacer durante toda esta aburrida tarde... - Añadio con una sonrisa.

-Como quieras, pero yo de ti me iria a cambiar, o vas a acabar llena de barro -Nos reímos.
-Vale, pues ahora mismo vuelvo.-Bajó de la furgoneta con mucha agilidad y se fue hacia su casa.

Puse la furgoneta en el patio de casa y cogí la manguera. Dejé mi camiseta en el porche y con un trapo empecé a limpiar el capo lleno de barro. Me agaché para quitar algunas manchas que había cerca de las ruedas y Paula apareció por el otro lado.

-¿No me esperas?

-Claro.-Le dije cogiendo la manguera.

-¿Qué tengo que hacer? - Abrí el grifo y la empapé entera. Abrió la boca y creí que me iba a insultar hasta en latin pero lo que hizo fue reírse. Se acercó y volví a mojarla en modo de defensa, pero no le importó.

-¡Dame un abrazo, Daniel!- Se acercó, y me abrazo mojandome a mi también. Estaba loca.

Después de divertirnos un rato, decidimos ponernos a limpiar. Acabamos llenos de barro. Me sequé el sudor de la frente con la camiseta y me tumbé en el suelo.

-Muchas gracias. Me he divertido mucho, de verdad. - Paula se sentó a mi lado. Tenía una pequeña mancha de barro al lado del labio.

-Gracias a ti, por ayudarme. - Le sonreí-  Espera, tienes un poco de… -Estiré el brazo y le limpié la mancha.

Ambos nos quedamos un rato mirándonos, sin saber qué decir y entonces, sonó su teléfono móvil.

-¿Sí? ¿Borja? No, no me apetece salir, ¿vale? -Hubo silencio.- ¡Me da igual! Te he dicho que… ¿Borja? ¿Hola? ¿¡BORJA!? ¡Joder! Será imbecil.

-¿Todo bien?

-Borja va a venir a buscarme y después de lo del otro día no quiero verle...

-Pues haz que no estas.

-Ya, pero mi madre seguro que le dice que estoy en casa.

-Pues escapemonos juntos.- Le dije tendiéndole la mano.

-¿A dónde vamos?

-No sé, algo se nos ocurrirá.-Y ambos subimos a la furgoneta.

- Capitulo 5 -

 - Daniel -

-¿Qué narices es eso?-Estaba completamente dormido. Eran las 7:20 de la mañana y me había despertado el sonido de una música a todo volumen. Me levanté de la cama, reprimí un bostezo y me asomé a la ventana.
Inevitablemente sonreí cuando vi de dónde venia semejante ruido. Paula estaba moviéndose por toda su habitación como una loca cantando sus canciones. Llevaba una camiseta de mangas cortas y unos leggins.



-¡TÚ! Madonna, baja la música un rato.-Le dije aguantando la risa.

Oí cómo la música se paraba y se asomaba a la ventana mordiéndose el labio.

-Te he despertado, ¿no? Ais, lo siento, es que cuando tu casa estaba vacía pues nadie se quejaba de mi música pero claro, ahora vives tú… -Hizo un gesto con las manos.-Lo siento.

-No te preocupes. Quería madrugar.

-¿Ah sí?-Dijo sin creérselo.

-Pues claro, el maratón de Friends empieza a y media.

Se echó a reír .

-¿A dónde ibas?

-Voy a salir a correr un poco y así hago deporte.

-No deberías ir sola. Hay mucho loco suelto.

-Tranquila mami, voy a un sitio que nadie conoce jajaja.

-Razón de más.  ¿Qué sitio?  ¿Es aquí cerca?

-Hm... quizá algun dia te lleve. Ya sabes, te debo una.-Sonrió.

-Bueno, tengo que irme. ¡Nos vemos!

Y antes de que pudiera decirle adiós ya se había metido en su cuarto. Volví a tumbarme en la cama y perdí la noción del tiempo.

- Capitulo 4 -

-Paula -

Miraba la carretera ausente. Borja llevaba todo el rato explicandome las jugadas que haria en el partido de ese domingo. No podía interesarme menos, menudo tostón. En todas nuestras citas hacía lo mismo. Él hablaba y yo... Yo escuchaba. Empezaba a estar un poco harta.

Una niña, jugaba con un pequeño gato blanco que estaba en la puerta de la cafetería. El animal salió corriendo  y ella intentó seguirlo pero, tropezó y cayó. La pobre se hechó a llorar y no me lo pensé dos veces. Fui a donde estaba, dejando a Borja hablando solo. Me agaché a su lado y la ayudé a levantarse.

-Tranquila, no pasa nada. No tienes que llorar. Si no que clase de niña mayor vas a ser, ¿eh?-Le sonreí mientras se secaba las lagrimas, y me abrazó.

La vi marcharse como si nada hubiera pasado mientras cruzaba el paso de peatones.
Me fije en que al otro lado de la calle habia un chico estaba mirando en mi dirección.
"Le conozco" -pensé.  Se llama Daniel y es mi vecino nuevo. Me pareció que me estaba mirando, así que me di la vuelta avergonzada.

Oí el ruido de las campanas de la puerta de la cafetería que suenan cuando alguien entraba o salía. Borja me agarró del brazo y me levantó. No parecia estar muy contento.

-Que sea la última vez que me dejas hablando solo por ayudar a una niñata, ¿me oyes?-Seguía sujetándome fuerte del brazo.

-Me estás haciendo daño.-Le dijé. Me soltó y vi que tenía una marca roja donde me había agarrado.

-Me voy, me han llamado para quedar.

-Espera, tienes que llevarme a casa.

-Búscate una forma de llegar, alma caritativa.-Dijo y se marchó.

Me quedé allí de pie. “Menudo imbécil”. Ahora, ¿cómo iba a volver a casa? Me senté en un banco y me puse las manos en la cabeza. "Joder, todo tiene que pasarme a mi".
Entonces, alguien se sentó a mi lado.


-Soy Daniel, no sé si, te acuerdas de mí.-Dijo algo dubitativo.

-Si claro, eres el nuevo vecino. – Y nos quedemos en silencio.

-Has hecho muy bien en ayudar a esa niña.

-Gracias. -Le sonreí.

-Pero... me has quitado mi oportunidad de quedar bien contigo y poder impresionarte.-Dijo con un tono irónico.-No pude evitar reírme de su comentario. Era muy simpático. - ¿Qué haces aquí sola? ¿No estas con tu novio?

Me sorprendió que supiera de la existencia de Borja pero, luego recordé lo de esta mañana.

-Se ha largado.

-¿Y te ha dejado aquí sola?-Asentí. -Pues menudo imbecil...- “Justo lo que yo pensaba”.

-Lo peor es que no sé cómo voy a volver a casa.- añadí

-Hms... Si no te da miedo ir en moto, yo te llevo.-Le miré algo sorprendida por su ofrecimiento.

- ¿Miedo? Oh, no pero...  ¿No te importa?

-Vamos al mismo sitio. No es molestia. Además, no te puedo dejar aquí plantada. Venga, vamos.
Fuimos juntos hasta su moto. Se veia un poco "gastada" pero me gustaba mucho más  que el coche de Borja. Me pasó un casco, que tenia guardado debajo del asiento de la moto, y me lo puse. Subimos a la moto, y arrancó. Al principio me dio un poco de miedo, pero luego ya me relajé y fui mirando el paisaje. Era una sensación rara esto de ir en moto, la verdad es que no lo había probado nunca.

El tiempo paso muy rápido, pronto llegamos a casa.

-Gracias por traerme. La verdad es que me ha gustado mucho ir en moto.-Me reí

-Un placer.

-Te debo una.-Le dije guiñándole un ojo.

-Me lo apuntaré.- me dijo con una sonrisa en la cara.

- Capitulo 3 -

-Pásame ese destornillador hijo.

Llevaba dos horas ayudando en el nuevo trabajo de mi padre. Acababan de hacerle el primer encargo así que se lo estaba tomando muy en serio. El calor que hacía hoy era algo sofocante. Decidí quitarme la camiseta para poder seguir.

-Dani, puedes tomarte un descanso. Yo continúo.-Me dijo mi padre sin despegar los ojos de su trabajo.

-Está bien pero sólo cinco minutos.-Le dije.

Me senté en el balancin del porche. En la sombra se estaba realmente bien. Mi madre me trajo un vaso de leche que vacié en un sorbo. Estaba seco. Un 4x4 plateado apareció de pronto. Aparcó justo delante de la casa de aquella chica, Paula.

La puerta de la casa se abrió y salió Paula. Llevaba unos pantalones pitillo con una camiseta que le dejaba al descubierto su hombro derecho. En las manos llevaba unas llaves y unas  gafas de sol que se colocó en el pelo.

Del coche salió un chico bajito, de hombros cuadrados y con pinta de ser jugador de hoquei. Cogió a Paula de la cintura y la besó.

-Borja, mis padres estan en casa.

-No pasa nada, no se asustaran. –Paula miró en mi dirección aunque pareció no fijarse en mi. No parecía muy contenta.

Decidí volver al trabajo. No sé por qué debería importarme que tuviera novio. Solo es una chica. “Una chica realmente guapa con una íncreible sonrisa” ¿Porque había pensado eso? Necesitaba quitármela de la cabeza. No podía seguir así. Fin de la historia.

- Capitulo 2 -

-¡Daniel! Baja a ayudarme un momento con las bolsas de la compra.

Seguí a mi madre hasta donde habían aparcado y  fue cuando una señora de cabellera rubia exuberante y profundos ojos verdes nos saludó.

-Buenas ustedes deben de ser los Sanchez. Yo soy Angela Muñoz. Bienvenidos.

-Muchas gracias señorita Muñoz.-Dijo mi madre algo sorprendida.

-Llámeme Angie, por favor.-Sonrió mostrando unos perfectos dientes blancos.

-Yo soy Santiago, este es mi hijo Daniel.

-Un placer.-Le estreché la mano. Su tacto era tan suave que supuse que lo había conseguido gracias a cremas.

Mi madre y ella se pusieron a hablar durante un largo rato. Decidí quedarme sentado en el porche observando un poco todo aquello. Mientras veía como un buitre sobrevolaba nuestras cabezas, oí un ruido de pasos acercándose. Una chica que iba corriendo, apareció de pronto. Llevaba una sudadera que le quedaba grande, unas mallas negras y unas deportivas algo gastadas. El pelo lo llevaba recogido en una alta cola y pude ver que llevaba unos cascos puestos.

-Oh, Paula ven. Son nuestros nuevos vecinos.- Ángela sería su madre.

- Perfecto - susurré bajito. Iba a tener a una familia de estirados como nuevos amigos de la familia. Su hija sería la típica niña mimada.

La chica oyó a su madre a pesar de la música y se quitó los cascos. No había llamado mucho mi atención hasta que se dio la vuelta. Varios mechones de su pelo castaño claro le caían por las mejillas. Esbozó una dulce sonrisa cuando vio a mi madre pero lo que realmente me dejó embobado fueron sus ojos.  Eran de un color marrón, parecido a la coca-cola, y cerca de la pupila tenía pequeñas motas de color marrón muy oscuro. Parecian totalmente negros.

-Daniel, acércate. Te presento a Paula, la hija de Ángela.

-Un placer conocerte Daniel.-Me miró mientras sonreia.

Abrí y cerré la boca varias veces intentando decir algo pero me fue imposible hasta que mi madre me dio un pequeño golpe en el hombro.

-Sí, sí lo… lo mismo digo Paula.-Volvió a sonreír, esta vez algo más tímida y se marchó a su casa.
Un momento… la habitación que veía desde mi cuarto tenía que ser la de Paula.

O alguien se estaba burlando de mi o mi suerte estaba empezando a cambiar.
Cuando me volví para entrar a casa, vi a mi madre mirarme con una sonrisa maliciosa.

-Vaya, vaya. Creo que ya te ha empezado a gustar este sitio.-Cogió las bolsas y entró en casa.

Por una vez, estaba de acuerdo con mi madre. Aquel sitio no iba a estar tan mal.

- Capitulo 1 -


El sol empezaba a esconderse entre las montañas. Iba montado en mi moto de vuelta a mi nueva casa.
La idea de mudarme a aquí desde Barcelona no me parecia muy buena cuando me lo dijeron mis padres. Mi padre era un empresario muy famoso, pero por diversas causas su empresa quebró y tuvo que cerrar el negocio. Ahora nos encontramos aquí, en un pequeño pueblo en un valle de los pirineos, el valle de ordesa, el único sitio donde podemos mantener una pequeña casa.

El sonido del claxon de un coche que tenia detras me devolvió a la realidad.

-Bienvenidos a Torla. Población 328  habitantes.- Para ser tan pocos aquello era enorme.

Me levanté la visera del casco y un sinfín de olores mi invadieron. Distinguí entre un claro olor  a lavanda y otro más bien a leña recién cortada.

Varios niños jugaban a la pelota en los pequeños huecos que había entre las tiendas del pueblo.
Me dirigí hasta el final del pueblo y luego tomé un desvío a la derecha. Era un camino de tierra sin asfalto por lo que mi moto iba a necesitar unos nuevos amortiguadores dentro de poco.
Árboles enormes que se podian encontrar durante todo el camino y el sonido de los pájaros lo envolvían todo. Por fin llegé a mi destino. El camino de tierra dio lugar a un enorme terreno donde habían varias casas formando un círculo alrededor de un pequeño lago. Deje la moto aparcada a un lado.

Llevaba puestas unas zapatillas algo gastadas, unos vaqueros  y una camiseta negra de mangas cortas. Subí al porche de mi nueva casa y cuando iba a abrir la puerta, apareció mi madre.

-Respira hondo hijo mío, esto es aire puro.-Exclamó mi madre abriendo los brazos de forma exagerada.

-Mamá el aire de Barcelona no estaba tan mal, ¿sabes?-Bufé.

-No seas aguafiestas, ya sé que este sitio no te gusta mucho pero tu padre está muy entusiasmado.

Entramos en aquella casa cuyo silencio fue perturbado por el repiqueteo constante de los zapatos andando por todas sus estancias.
Por dentro no estaba nada mal. Había una pequeña sala de estar a la derecha decorada con cuadros de árboles, paisajes con lagos y animales, la mayoría aves. Daban un poquito de miedo.

Dos sofás rodeaban la pequeña tele que estaba cubierta por una fina capa de polvo. Por lo que pude ver, nadie había vivido allí en mucho tiempo. La sala de estar daba justo a la cocina y de allí al comedor. Unas escaleras conducían a la parte superior de la casa. Eran de madera de haya y estaban pintadas de color caoba. Una madera demasiado buena para aquel sitio.
El piso superior constaba de cinco habitaciones: dos dormitorios, dos cuartos de baño y una sala que estaba vacía . “Alguna utilidad le encontraré”, pensé.
Elegí la habitación que daba a la ventana de otra casa que estaba a apenas  3 o 4 metros. Las cortinas estaban recogidas así que pude echar un rápido vistazo a la habitación de mi futuro vecino.