-¡Daniel! Baja a ayudarme un momento con las bolsas de la compra.
Seguí a mi madre hasta donde habían aparcado y fue cuando una señora de cabellera rubia exuberante y profundos ojos verdes nos saludó.
-Buenas ustedes deben de ser los Sanchez. Yo soy Angela Muñoz. Bienvenidos.
-Muchas gracias señorita Muñoz.-Dijo mi madre algo sorprendida.
-Llámeme Angie, por favor.-Sonrió mostrando unos perfectos dientes blancos.
-Yo soy Santiago, este es mi hijo Daniel.
-Un placer.-Le estreché la mano. Su tacto era tan suave que supuse que lo había conseguido gracias a cremas.
Mi madre y ella se pusieron a hablar durante un largo rato. Decidí quedarme sentado en el porche observando un poco todo aquello. Mientras veía como un buitre sobrevolaba nuestras cabezas, oí un ruido de pasos acercándose. Una chica que iba corriendo, apareció de pronto. Llevaba una sudadera que le quedaba grande, unas mallas negras y unas deportivas algo gastadas. El pelo lo llevaba recogido en una alta cola y pude ver que llevaba unos cascos puestos.
-Oh, Paula ven. Son nuestros nuevos vecinos.- Ángela sería su madre.
- Perfecto - susurré bajito. Iba a tener a una familia de estirados como nuevos amigos de la familia. Su hija sería la típica niña mimada.
La chica oyó a su madre a pesar de la música y se quitó los cascos. No había llamado mucho mi atención hasta que se dio la vuelta. Varios mechones de su pelo castaño claro le caían por las mejillas. Esbozó una dulce sonrisa cuando vio a mi madre pero lo que realmente me dejó embobado fueron sus ojos. Eran de un color marrón, parecido a la coca-cola, y cerca de la pupila tenía pequeñas motas de color marrón muy oscuro. Parecian totalmente negros.
-Daniel, acércate. Te presento a Paula, la hija de Ángela.
-Un placer conocerte Daniel.-Me miró mientras sonreia.
Abrí y cerré la boca varias veces intentando decir algo pero me fue imposible hasta que mi madre me dio un pequeño golpe en el hombro.
-Sí, sí lo… lo mismo digo Paula.-Volvió a sonreír, esta vez algo más tímida y se marchó a su casa.
Un momento… la habitación que veía desde mi cuarto tenía que ser la de Paula.
O alguien se estaba burlando de mi o mi suerte estaba empezando a cambiar.
Cuando me volví para entrar a casa, vi a mi madre mirarme con una sonrisa maliciosa.
-Vaya, vaya. Creo que ya te ha empezado a gustar este sitio.-Cogió las bolsas y entró en casa.
Por una vez, estaba de acuerdo con mi madre. Aquel sitio no iba a estar tan mal.
